martes, 11 de enero de 2011

El habla de los ángeles, del Libro del Cielo y el Infierno de E. Swedenborg


27
EL HABLA DE LOS ÁNGELES

234. Los ángeles hablan entre sí exactamente como los hombres en el mundo, y, como
estos, hablan de varias cosas; de asuntos domésticos, de asuntos del estado civil, de
asuntos de la vida moral y de asuntos de la vida espiritual; no hay diferencia con
excepción de que los ángeles entre sí hablan con mas inteligencia que los hombres,
puesto que hablan desde un pensamiento más interior; a menudo me ha sido dado estar
junto con ellos y hablar con ellos como amigo con amigo, y a veces como un
desconocido con un desconocido, y puesto que entonces me he hallado en igual estado
que ellos no he sabido sino que hablaba con hombres en la tierra.
235. El hablar con los ángeles se verifica en forma de palabras como el hablar humano, se
pronuncia también tan audiblemente y se oye tan claramente como esté porque ellos
también tienen boca, lengua y oídos, y tienen asimismo, una atmósfera, en la cual el
sonido de su habla se articula, pero es una atmósfera espiritual, adaptada a los ángeles,
que son espirituales; los ángeles respiran en su atmósfera como los hombres en la suya y
pronuncian las palabras mediante la respiración.
236. Todos en el cielo tienen un solo idioma, todos se entienden, no importa de que
sociedad sean, de una sociedad vecina o de una sociedad lejana. Allí la lengua no se
aprende; sino que está implantada en cada uno, porque emana de la inclinación misma y
de su pensamiento; el timbre de su voz corresponde a su inclinación, y la articulación del
sonido, o sea las palabras, corresponden a las ideas del pensamiento que vienen de la
inclinación, y puesto que el habla corresponde a estas, es ella también espiritual, porque
es la inclinación transformada en sonido y el pensamiento en habla. El que reflexiona
puede saber que todo pensamiento viene de la inclinación que pertenece al amor, y que
las ideas del pensamiento son las diversas formas en las que se halla distribuida la
inclinación común, porque sin inclinación no hay absolutamente ningún pensamiento y
ninguna idea; su alma y su vida vienen de ella. Por esta razón los ángeles conocen la
calidad de otro por el mero hablar: por el sonido, la calidad de su inclinación, por la
articulación del sonido, o sea por las palabras, la calidad de su mente. Los ángeles más
sabios conocen por una sola frase cual es la inclinación predominante, porque en esta
fijan su atención con preferencia. Conocido es que cada uno tiene varias inclinaciones;
una cuando se halla en alegría, otra cuando en tristeza, otra cuando en clemencia y
misericordia, otra cuando se halla en sinceridad y verdad, otra cuando está en amor y en
caridad, otra cuando se halla celoso e iracundo, otra cuando intenta simular y engañar,
otra cuando aspira a honores y gloria, y así en adelante. Pero la inclinación, o sea el amor
dominante, se halla en todas ellas, por lo cual los ángeles más sabios, puesto que perciben
esto, conocen por el habla completamente el estado del otro. Por mucha experiencia he
llegado a saber que es así; he oído a ángeles revelar la vida de otro, sencillamente
mediante el haberle escuchado; han dicho también que conocen cuantas cosas hay en la
vida de otro por medio de algunas ideas de su pensamiento, puesto que por estas conocen
su amor predominante, en el cual todo se halla por su orden, y que el libro de vida del
hombre no es otra cosa.
237. La lengua angélica nada tiene de común con las lenguas humanas, con excepción de
algunas palabras, que suenan de cierta inclinación; sin embargo no con las palabras
mismas sino con el sonido de ellas, sobre cuyo particular se dirá algo en lo que sigue.
Que la lengua angélica nada de común tiene con las lenguas humanas es evidente por esto
de que a los ángeles es imposible pronunciar una sola palabra de la lengua humana; han
probado pero no han podido, porque no pueden pronunciar más que lo que concuerda con
su inclinación; lo que no concuerda repugna a su vida misma, porque la vida es de la
inclinación, y de esta viene su hablar. Se me ha dicho que la primera lengua de los
hombres en la tierra concordaba, porque la tenían del cielo; y que la lengua hebrea
concuerda con algunas cosas.
238. Puesto que el hablar de los ángeles corresponde a sus inclinaciones que son del
amor, y que el amor en el cielo es amor al Señor, y amor al prójimo (véase arriba, n. 13-
19), es evidente cuan hermoso y grato es su hablar, porque no afecta tan sólo a los oídos,
sino también al interior de la mente de los que oyen. Hubo cierto espíritu, duro de
corazón, con el cual habló un ángel; se afectó tanto, al fin, por el hablar de este, que
vertió lágrimas; dijo que no podía resistir, puesto que era el amor mismo hablando y que
jamás antes había vertido lágrimas.
239. El hablar de los ángeles está asimismo lleno de sabiduría, puesto que procede de su
pensamiento interior, y su pensamiento interior es sabiduría, así como su inclinación
interior es amor; su amor y sabiduría se reúnen en el hablar; de ahí que este es tan lleno
de sabiduría que pueden expresar con una sola palabra lo que el hombre no puede con mil
palabras, al par que las ideas de su pensamiento envuelven cosas que el hombre no puede
concebir, mucho menos pronunciar; por esto es que las cosas que se han oído y visto en el
cielo se llaman indecibles, cuales nunca oído escuchó ni ojo vio. Que así es me ha sido
dado saber también por experiencia. Algunas veces he sido introducido en el estado en el
cual se hallan los ángeles, y en este estado he hablado con ellos, comprendiendo entonces
todo; pero al ser reintroducido en mi anterior estado, y por consiguiente en mi
pensamiento natural, propio del hombre, queriendo entonces recordar lo que había oído,
no he podido; porque había mil cosas que no se adaptaban a las ideas del pensamiento
natural; eran por consiguiente indecibles, no siendo en las variaciones de la luz celestial;
por lo tanto de ninguna manera podían interpretarse con palabras humanas. Las ideas del
pensamiento de los ángeles, de las cuales vienen sus palabras, son en efecto
modificaciones de la luz del cielo, y las inclinaciones, de las cuales viene el sonido de las
palabras, son modificaciones del calor del cielo, siendo así que la luz del cielo es la
Divina verdad, o sea la sabiduría, y el calor del cielo es el Divino bien, o sea el amor
(véase arriba, n. 126-140); y del Divino amor tienen los ángeles la inclinación, y de la
Divina sabiduría tienen el pensamiento.
240. Puesto que el hablar de los ángeles procede directamente de su inclinación, siendo,
como arriba, n. 236, queda dicho, las ideas del pensamiento, las diversas formas en las
cuales se halla distribuida la inclinación común, pueden los ángeles en un minuto
expresar lo que el hombre no puede expresar en una media hora, y asimismo pueden con
unas pocas palabras exponer lo que por escrito ocuparía varias páginas: esto me consta
también por mucha experiencia. Las ideas del pensamiento de los ángeles y las palabras
de su habla forman uno, como la causa enciente y el efecto; porque en las palabras se
presenta en efecto lo que en las ideas del pensamiento se halla como causa: de ahí que
cada una de las palabras encierra en sí tantas cosas. Los detalles del pensamiento y por
consiguiente los detalles del hablar de los ángeles, al ser expuestos a la vista, aparecen
efectivamente como una tenue onda, o atmósfera, que flota alrededor, en la cual hay
innumerables cosas por su orden, las cuales proceden de su sabiduría y entran en el
pensamiento de otro, afectándole. Las ideas del pensamiento de cada uno, tanto las del
ángel cuanto las del hombre, son presentadas a la vista en la luz del cielo cuando al Señor
place.
241. Los ángeles que están en el reino celestial del Señor hablan de igual manera que los
ángeles que están en el reino espiritual del Señor, pero los ángeles celestiales hablan
desde un pensamiento más interior que los ángeles espirituales y puesto que los ángeles
celestiales están en el bien del amor al Señor, hablan por sabiduría, y los ángeles
espirituales, puesto que están en el bien del amor al prójimo, que en su esencia es verdad
(n. 215), hablan por inteligencia, porque del bien viene la sabiduría, y de la verdad la
inteligencia; por esto el hablar de los ángeles celestiales es como un río tranquilo, suave y
por así decir continuo; pero el hablar de los ángeles espirituales tiene algo de vibrante y
desigual: el hablar de los ángeles celestiales suena también mucho de las vocales u y o, y
el hablar de los ángeles espirituales de las vocales e é i, porque las vocales exprimen el
sonido y en el sonido está la inclinación, según arriba (n. 236) se ha dicho, o sea que el
sonido del habla de los ángeles corresponde a la inclinación y la articulación del sonido,
es decir, las palabras corresponden a las ideas del pensamiento que vienen de la
inclinación. Puesto que las vocales no pertenecen al idioma sino a la elevación de las
palabras, mediante el sonido, a diferentes inclinaciones según el estado de cada uno,
sucede que las vocales en el idioma hebreo no son definidas, y se pronuncian de varias
maneras. Es por esta razón que los ángeles conocen como son los hombres, con respecto
a la inclinación y al amor. El hablar de los ángeles celestiales carece también de
consonantes duros, y rara vez corre de consonante en consonante, sin intercalar una
palabra que empieza con vocal; de ahí que en el Verbo se halla intercalada tan a menudo
la pequeña voz "y," de lo cual pueden convencerse los que leen el Verbo en el idioma
hebreo, en el cual esta pequeña voz es suave, principiando y terminando con vocal. Por
las voces del Verbo en aquel idioma puede hasta cierto punto saberse si pertenecen a la
clase celestial o a la clase espiritual; es decir, si encierran en sí el bien o la verdad; las que
encierran el bien tienen mucho de u y de o y también de a; y las que encierran la verdad
tienen mucho de “e” y de “i”. Puesto que las inclinaciones se expresan principalmente
mediante los sonidos, sucede que en los discursos de los hombres sobre temas sublimes,
tales como el cielo y Dios, son predilectas las palabras que contienen u y o. Hasta las
notas musicales se revisten de estas vocales cuando se trata de expresar tales cosas. Otra
cosa sucede cuando se trata de cosas no sublimes. Así es, que mediante el arte de la
música puede expresarse inclinaciones de varias clases.
242. En el hablar de los ángeles hay cierto acento armonioso, indescriptible. Este acento
viene de que los pensamientos y las inclinaciones, de los cuales procede el habla, se
difunden y extienden según la forma del cielo y según la forma del cielo se hallan todos
asociados y se verifica toda comunicación. Que los ángeles se hallan asociados según la
forma del cielo y que sus pensamientos e inclinaciones se extienden según ella, se puede
ver arriba (n. 200-212).
243. Un idioma como el que hay en el mundo espiritual se halla implantado en cada
hombre, en la parte interior de su pensamiento; pero puesto que esta lengua no cae en
palabras análogas a las inclinaciones, como en los ángeles, el hombre ignora que la posee
en sí. Es, sin embargo, por esto que el hombre, al entrar en la otra vida, se halla en igual
idioma que los espíritus y los ángeles allí, y que así sabe hablar sin ser enseñado. Pero
sobre este particular se dirá más luego.
244. El idioma es único para todo el cielo, como se ha dicho más arriba, con la
particularidad, sin embargo, de que el habla de los sabios es interior y más llena de
modificaciones de las inclinaciones y de las ideas de los pensamientos; mientras que el
habla de los menos sabios es exterior y no tan llena, y el habla de los simples aún más
exterior, y por eso formada de palabras de las cuales se ha de sacar el sentido, como
cuando los hombres hablan entre sí. Hay también un hablar por el rostro, terminando con
sonido, modificado mediante las ideas; existe asimismo un hablar en el cual se hallan
cosas representativas del cielo, mezcladas con ideas, y mediante las ideas presentadas
visibles. También hay un hablar mediante gestos que corresponden a las inclinaciones y
expresan iguales cosas que las palabras de estas. Existe un hablar mediante las cosas
comunes de las inclinaciones y las cosas comunes de los pensamientos, hay un hablar
tonante; y además otros.
245. El idioma de los espíritus malos e infernales les es, también connatural, puesto que
viene de las inclinaciones, pero consiste de inclinaciones malas y por ello de ideas sucias,
que los ángeles aborrecen en lo sumo. Los modos de hablar del infierno son por
consiguiente opuestos a los del cielo, por lo cual los malos no pueden sufrir el hablar
angelical, ni los ángeles el hablar infernal; el hablar infernal es para los ángeles como un
mal olor que hiere la nariz. El hablar de los hipócritas, que son los que pueden imitar a
los ángeles de la luz, es parecido al hablar de los ángeles, en cuanto a las voces, pero en
cuanto a las inclinaciones, y por consiguiente a las ideas del pensamiento, es
completamente opuesto, por lo cual este hablar, al ser percibido tal como es en su
interior, lo cual sucede cuando lo oyen los ángeles sabios, suena como el crujir de
dientes, e infunde horror.

domingo, 9 de enero de 2011

agradecimientos



a Eduardo Graham, por los sacramentos.
a Ariel Jaquin, por el sacramento.
y por el espacio, el tiempo, las palabras, el silencio, la presencia y la ausencia.
y por devolverme a mí misma...

La comunión de los vivos


La comunión de los vivos
María Elena Walsh

I

Tu soledad en un lugar del mundo
crece y padece al lado de la mía
porque Dios nos recuerda. Qué profundo
milagro el de la amante simpatía.

Pues si nos olvidara, en un segundo
todo la eternidad separaría
tu compasión, en la que me confundo,
de mi ser, que en tus venas se vacía.

Estamos vivos porque Dios no olvida,
juntos en su memoria, y es por eso,
que, nuestra comunión eternizando,

a cada instante nos da nueva vida
y el alma cumple su fatal progreso:
nacer, amar, morir, seguir amando.

II

De dónde, de qué luz, de qué inocencia
magnánima este rayo me ha venido
restituyendo a mi fervor rendido
el uso de la sal de la violencia.

Y quién, con amorosa inteligencia,
de lejos, por tu amor, me ha persuadido,
devolviendo a mi ser enfurecido
el uso de la sal de la paciencia.

La deuda misteriosa de tus dones
tengo con alguien que te amaba tanto
que por darme a tu vida hubiese muerto.

Me llevaron a Tí sus intenciones,
quemó mi desesperación su santo
temor de lo terriblemente cierto.

III

Mis lágrimas amaron la madera,
tu confortante olor a cruz, Dios mío.
Alguien y yo somos el mismo río
corriendo hacia tu sed que nos espera.

Mis huesos veneraron el rocío,
tu misericordiosa primavera.
Alguien y yo somos la misma cera
que Tú desciendes a librar del frío.

Alguien es condición de mi amargura,
sustancia de mi júbilo. Reparte
así la compasión que de Tí fluye.

Y yo te amo en esa criatura
ignorada, que sólo por amarte
sirve a mi soledad y la destruye.

martes, 28 de diciembre de 2010

un Abismo llama a otro abismo...

Un abismo llama a otro abismo (Salmo 42, 8)

Hay un corazón abierto del que sigue brotando un manantial de amor…y me está llamando.
La dignidad pareciera ser un tema jurídico, un tema de derechos, de no permitir que nos humillen, que nos pasen por encima, que nos maltraten… Pero hay un corazón abierto del que sigue brotando un manantial de amor…
Y la dignidad está bien: no debemos dejar –por nosotros y por los más débiles que nosotros- que nos quieran convertir en cosas, en mercancías, en esclavos (económicos, afectivos, sexuales, de la tecnología, del comercio, de la ciencia o la razón); Pero hay un corazón abierto del que sigue brotando un manantial de amor…
Nosotros no debemos permitir que nos roben la dignidad. Y sin embargo Jesús fue golpeado, difamado, escupido, pateado, humillado, burlado, torturado, finalmente clavado a la Cruz. ¿Cuál es la dignidad de Jesús, y la que nos ofrece a nosotros? Porque dice Juan “a todos los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios” (Juan 1.12).
Un abismo llama a otro abismo: de la profundidad del Corazón de Jesús, de donde brota un manantial de amor que no se agota nunca, nos viene la llamada a ser otro abismo de amor. Podemos responderle, porque fuimos creados a Su imagen y semejanza, es decir, llenos de amor, inteligencia, eternamente buenos. Tenemos con qué responderle: nadie nos puede robar la dignidad de seguir amando en las peores circunstancias, de seguir uniéndonos al corazón abierto y de poder decir: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Esa es la dignidad de los Hijos de Dios que nos enseña Jesús, la marca de realeza; no el deseo de dominar, de ser admirados, respetados, considerados, halagados, sino el deseo y la posibilidad inquebrantable de servir a los demás, de ponernos a disposición, de no guardarnos nada y no reclamar nada, porque de la fuente del Amor que nunca se agota nos sigue llegando el Agua de la Vida, porque hay un corazón abierto del que sigue brotando un manantial de amor…

viernes, 24 de diciembre de 2010

Hoy nos ha nacido un Salvador...


¡Gloria a Dios en el Cielo
y en la tierra, paz a los hombres
amados por El!

jueves, 23 de diciembre de 2010

de los nombres de Cristo


De los Nombres de Cristo
Fray Luis de León

Sólo una cosa de estas diré, y es que el original de este nombre Jesús, que es Iehosuah como arriba dijimos, tiene todas las letras de que se compone el nombre de Dios, que llaman de cuatro letras, y además de ellas tiene otras dos. Pues, como sabeís, el nombre de Dios de cuatro letras, que se encierra en este nombre, es nombre que no se pronuncia, o porque son vocales todas, o porque no se sabe la manera de su sonido, o por la religión y respeto que debemos a Dios, o porque, como yo algunas veces sospecho, aquel nombre y aquellas letras hacen la señal con que el mudo hablar no puede, o cualquiera que no osa hablar, significa su afecto y mudez con un sonido rudo y desatado y que no hace figura, que llamamos interjección en latín, que es una voz tosca y como si dijésemos sin rostro y sin facciones ni miembros; que quiso dar Dios por su nombre a los hombres la señal y el sonido de nuestra mudez para que entendiésemos que no cabe Dios ni en el entendimiento ni en la lengua, y que el verdadero nombrarle es confesarse la criatura por muda todas las veces que le quisiera nombrar, y que el embarazo de nuestra lengua y el silencio nuestro cuando nos levantamos a él es su nombre y loor, como David lo decía; así que es nombre inefable y que no se pronuncia. Más aunque no se pronuncia en sí, ya véis que en el nombre de Jesús, por razón de las dos letras que se le añaden, tiene pronunciación clara y sonido formado y significación entendida, para que acontezca en el nombre lo mismo que pasó en Cristo, y para que sea, como tengo dicho, retrato el nombre del ser. Porque, por la misma manera, en la persona de Cristo se junta la divinidad con el alma y con la carne del hombre; y la palabra divina, que no se leía, junta con estas dos letras, se lee, y sale a la luz lo escondido, hecho conversable y visible, y es Cristo un Jesús, esto es, un ayuntamiento de lo divino y lo humano, de lo que no se pronuncia y de lo que puede pronunciarse, y es causa que se pronuncie lo que se junta con ello.
Más en esto no pasemos de aquí, sino digamos ya de la significación del nombre de Jesús, como él conviene a Cristo, y como es sola de Cristo, y como abraza todo lo que de él se dice, y las muchas maneras como esta significación le conviene.
Jesús, pues, significa salvación o salud, que el ángel así lo dijo. Pues si se llama Salud Cristo, cierto será que lo es, que lo es para nosotros, porque para sí no tiene necesidad de salud el que en sí no padece falta ni tiene miedo de padecerla. Y si para nosotros Cristo es Jesús y Salud, bien se entiende que tenemos enfermedad nosotros, para cuyo remedio se ordena la salud de Jesús. Veamos, pues, la cualidad de nuestro estado miserable, y el número de nuestras flaquezas, y los daños y males nuestros, que de ellos conoceremos la grandeza de esta salud y su condición, y la razón que tiene Cristo para que el nombre Jesús, entre tantos nombres suyos, sea su propio nombre.
El hombre, de su natural, es movedizo y liviano y sin constancia en un ser, y, por lo que heredó de sus padres, es enfermo en todas las partes de que se compone su alma y su cuerpo. porque en el entendimiento tiene oscuridad, y en la voluntad flaqueza, y en el apetito perversa inclinación, y en la memoria olvido, y en los sentidos en unos engaño y en otros fuego, y en el cuerpo muerte, y desorden entre todas estas cosas que he dicho, y disensiones y guerra, que lo hacen expuesto a cualquier género de enfermedad y de mal. Y lo que es peor, heredó la culpa de sus padres, que es enfermedad en muchas maneras, por la fealdad suya que pone, y por la luz y la fuerza de la gracia que quita, y porque nos enemista con Dios, que es fiero enemigo, y porque nos sujeta al demonio y nos obliga a penas sin fin. a esta culpa común añade cada uno las suyas, y, para ser del todo miserables, como malos enfermos, ayudamos al mal y nos llamamos la muerte con los excesos que hacemos. De manera que nuestro estado, desde nuestro nacimiento, y por la mala elección de nuestro albedrío, y por las leyes que dios puso contra el pecado, y por las muchas cosas que nos invitan siempre a pecar, y por la tiranía cruel y el cetro durísimo que el demonio tiene sobre los pecadores, es infelicísimo y miserable estado, por dondequiera que lo miremos. Y nuestra enfermedad no es una enfermedad, sino una suma sin número de todo lo que es doloroso y enfermo.
El remedio de todos estos males es Cristo, que nos libra de ellos en las formas que ayer y hoy se han dicho en diferentes lugares; y porque es el remedio de todo ello, por eso es y se llama Jesús, esto es, Salvación y Salud.

(...) Porque nuestra salud, presupuesta la condición de nuestro ingenio, y la cualidad y muchedumbre de nuestras enfermedades y daños, y la corrupción que había en nuestro cuerpo, y el poder que por ella tenía en nuestra alma el demonio, y las penas a que la condenaban sus culpas, y el enojo y la enemistad contra nosotros de Dios, no podía hacerse ni venir a colmo si Cristo no fuera pastor que nos apacentara y guiara, y oveja que nos alimentara y vistiera, y hostia que se ofreciera por nuestras culpas, y sacerdote que interviniera por nosotros y nos desenojara a su Padre, y león que despedazara al león enemigo, y cordero que llevara sobre sí los pecados del mundo, y vid que nos comunicara su jugo, y puerta que nos metiera en el cielo, y médico que curara mil llagas y verdad que nos sacara del error, y luz que nos alumbrara los pies en la noche de esta vida oscurísima, y, finalmente, sol de justicia que en nuestras almas, ya libres por él, naciendo en el centro de ellas, derramara por todas sus partes sus lucidos rayos para hacerlas claras y hermosas. Y así, el nombre de Jesús está en todos los nombres que Cristo tiene, porque todo lo que en ellos hay se endereza y encamina a que Cristo sea perfectamente Jesús.

Leonardo de Vinci, la belleza y la nada


El secreto mensaje cristiano de Leonardo da Vinci

Aunque sobre la genialidad de Leonardo da Vinci no hubo nunca dudas, su vida y sus obras han sido a menudo objeto de interpretaciones malévolas.

Algunos libros le presentan como un increyente y homosexual, que por este motivo estaba amenazado por la Iglesia, otros, como «El Código da Vinci» de Dan Brown hace de él un maestro de esoterismo.

Con el deseo de poner las cosas en su sitio acaba de publicar en italiano un libro el filósofo Giuseppe Fornari, con el título « La belleza y la nada. La antropología cristiana de Leonardo da Vinci» («La bellezza e il nulla. L´antropologia cristiana di Leonardo da Vinci», editorial Marietti).

Para profundizar en el argumento, Zenit ha entrevistado al profesor Fornari.

--Varios autores han difundido la idea de que Leonardo da Vinci era un «naturalista» lejano o incluso opuesto al pensamiento y la cultura católicos. Con su libro, usted sostiene justo lo contrario. ¿Puede explicarnos por qué?

--Fornari: El principal error, cometido por ejemplo por Sigmund Freud, está en atribuir a Leonardo una visión naturalista análoga a la de la ciencia de los siglos XIX y XX. No podría haber una deformación más desviada de su pensamiento. Leonardo es ya un moderno, porque a sus ojos la naturaleza es un inmenso conjunto de fuerzas y fenómenos que el hombre debe tratar de conocer, y sobre la que tiene el derecho de intervenir, allí donde es posible.

La gran diferencia respecto a la visión que prevalece hoy, es que para él estas fuerzas son de carácter íntimamente espiritual, entendiendo por espíritu una energía y finalidad que no es material, que está dentro de la misma naturaleza, y remite a un origen trascendente.

Y una visión semejante no sólo no está en contradicción con la católica, sino que más bien la corrobora del modo más penetrante. Ciertamente se trataba de una visión demasiado avanzada para la época, como nos documentan las incomprensiones de Giorgio Vasari [célebre sobre todo por sus biografías de artistas italianos ndr.], preocupado porque las investigaciones científicas de Leonardo lo podrían haber llevado a posiciones religiosamente escépticas y herejes. Se trata por tanto de un prejuicio antiguo, que se funda esencialmente en una incomprensión.

--En su opinión, ¿cuáles son las obras pictóricas en las que Leonardo expresa su afinidad con la cultura y la teología cristianas?

--Fornari: Sin duda, en todas sus obras de tema religioso, se ve una maduración creciente que encuentra la plenitud de su madurez en la « Adoración de los Magos». Una constante en tales pinturas es la meditación sobre la realidad y centralidad del sacrificio, aceptado por Cristo para la salvación de la humanidad, una meditación que le venía de la tradición y de las sugerencias de los teólogos con quienes contactaba de vez en cuando, pero que Leonardo profundizó cada vez más a la luz de experiencias personales difíciles, marcadas por su condición de hijo ilegítimo. Todo esto le llevó a dar una interpretación de conmovedora verdad y profundidad a los grandes temas de la encarnación, la paternidad de Dios y la maternidad de María.

Le voy a poner sólo un ejemplo que me ha impresionado especialmente durante la preparación del libro: la « Madonna Benois» conservada en el Hermitage de San Petersburgo. En esta obra, todavía juvenil, vemos a una María casi niña, que mira con una sonrisa llena de alegría ingenua, y con una melancolía secreta, apenas insinuada, al Niño que tiene entre los brazos, absorto en la contemplación de una flor, símbolo de su futura crucifixión. Es una escena que se carga de connotaciones conmovedoras si pensamos que el pequeño Leonardo fue separado, cuando era todavía pequeño, de la jovencísima madre natural, Catalina, obligada a casarse, con un matrimonio reparador, y a dejar al pequeño «Lionardo» en la casa del padre.

¿Cómo no pensar en la reelaboración sapientemente filtrada de una experiencia traumática, que Leonardo conocía ciertamente por su misma madre, además de por las propias cicatrices emotivas? En esta especie de «flashback» se puede medir la cercanía de Leonardo con el contenido más íntimo del mensaje cristiano, a través de la reelaboración cognoscitiva de su propia experiencia.

--Usted asegura que para Leonardo la belleza artística es el medio por el que el hombre se une con Dios. ¿Puede ilustrarnos este concepto?

--Fornari: Es un argumento articulado y complejo, porque para reconstruirlo debemos unir observaciones explícitas de Leonardo con lo que se puede deducir de otros testimonios, y sobre todo de sus mismas obras. Leonardo parte de una visión que se remonta al menos parcialmente al platonismo florentino, según el cual, la belleza pertenece a una esfera ideal, superior a la corrupción del mundo material, pero esta reflexión está preñada de implicaciones nada consolantes. La misma prodigiosa facilidad con la que él sabía plasmar esta «divina belleza» debe haberle puesto en guardia. Su enorme talento le daba en efecto también el poder de usarlo para otros fines, como la vanidad, la ambición, la sensualidad.

La belleza del arte es por tanto ambigua, y depende de la manera en que respondemos con nuestra libertad a su ambigüedad: si optamos por su orientación auténticamente espiritual, o si nos quedamos en una visión más equívoca. Creo que esta meditación sobre la ambivalencia de la belleza, y sobre el reclamo que constituye para nuestra libertad, se convirtió en un tema cada vez más importante en la carrera de este artista.

La única vía de salida es la misma imagen de Cristo. Aceptando ser igual a nosotros y morir por nosotros, nos muestra la única solución: la aceptación del sufrimiento y del sacrificio por amor a los demás. De este modo, a través de él, podemos resurgir, y la belleza del mundo, que parecía y estaba destruida, por medio del amor resucita. La imagen de Cristo hace realidad la imagen y semejanza con Dios, por quien hemos sido creados y la belleza de Cristo se revela como la belleza del cuerpo resucitado, de la creación llevada a la redención. Con el mismo Dios, que se hace nuestra imagen, nosotros mismos nos convertimos en su imagen. Creo que es éste el secreto del arte cristiano más grande, el secreto del arte de Leonardo.